Los niños y las niñas de 3 años han transformado el aula en un laboratorio invernal.
No solo han creado "nieve", han manipulado texturas, han observado cambios asombrosos y han dejado que la curiosidad marcara el rumbo de sus descubrimientos.
Contemplar sus caras de asombro nos recuerda que la emoción es el verdadero motor del aprendizaje, el impulso que da sentido a la experiencia y convierte cada pequeño hallazgo en un gran logro.








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